Si un niño te molesta es porque le gustas
‘Si un niño te molesta es porque le gustas’
Los espacios donde sociabilizamos los hombres y mujeres
tienen ciertas normas de convivencia, en la dinámica de relacionarnos de forma
amical o no hay intercambio de miradas, sonrisas, gestos corporales y hasta
toques en el cuerpo. De una manera u otra estos pueden ser señales de que empatizo
con el resto o no. También podrían ser señales que encuentro un vínculo mucho
más interesante con una persona que también conecta conmigo y se genera una
nueva relación que puede ser amical o laboral.
Ciertamente hay señales corporales o ciertos gestos que nos
indican que alguien empatiza mucho más conmigo que con otras personas, pero eso
no quiere decir que esa persona desee desarrollar un vínculo fuera de lo
amical. Si nos encontramos en una reunión y alguien me pide (o pido)
el número telefónico por una conversación interesante o por alguna cuestión que
puede/amerite desarrollarse fuera de la reunión en curso no significa que me
habilita a acosar a la otra persona.
En el complejo de las relaciones entre hombres y mujeres los
varones estamos acostumbrados a pensar que un ‘NO’ es un ‘SI’ disfrazado. Una
persona que te da una negativa no lo
hace inconscientemente, lo hace bajo la orden de decirte claramente que no
acepta la propuesta o afirmación que propones.
Existen mandatos sociales que hacen que los hombres pensemos
que la negativa es parte de un juego o una dinámica de poder contra la mujer,
como aquella errática frase que nos dicen de pequeños ‘Si un/una niño/niña te
molesta es porque le gustas’. Un mandato anclado de esa manera en nuestra niñez puede
traer como consecuencia la brutal idea de que hemos de naturalizar la violencia
contra el otro como sinónimo de afecto o apego al otro. Nada más incierto que esto.
Cuando somos adultos aparece, como decantación de la frase
propuesta en la infancia, el mito de que aquel hombre que trata bien a una
mujer pasa a la famosa ‘Friendzone’ (zona del amigx) o a ser el ‘Mejor amigo’,
cosa que también es un mito que sigue alimentando las relaciones de violencia o
cuando menos las relaciones donde uno no se permite un lazo desde el amor desinteresado.
No es real que tengamos que acostumbrarnos al maltrato físico,
verbal o emocional. Las relaciones entre hombres y mujeres o entre el mismo
género no pasan por mantenerse en la línea entre el amor y el odio, sino que
idealmente tendrían que pasar por el interés y mantener la sanidad de nuestras
mentes/cuerpos.
Un vínculo de violencia no es la mejor opción porque nos
brinda preocupaciones y coacta nuestra integridad y nuestros intereses
personales. Las relaciones que nos mantienen en vilo por estrés y dolor nos
quitan energía innecesariamente. Energía que podríamos estar vehiculizando en
generar más amor a la sociedad o que podríamos usar en llevar adelante
proyectos/procesos/emprendimientos más creativos y nutritivos.
¿Hasta qué punto de las relaciones entre hombres y mujeres
realmente podemos distinguir la amistad y el flirteo sin que a consecuencia de
una negativa me sienta ofendido? Y pero aún, que actúe con violencia contra la
otra persona.
¿En la dinámica de nuestras relaciones adultas el
sociabilizar necesariamente está vinculado al flirteo o al ‘levante?
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